Con todo lo que está pasando ultimamente parece egoísta pararse a pensar en los sueños de uno mismo. Egoísta e imposible, más que nunca. Ahora que la comprensión se ha vuelto nula y la tolerancia brilla por su ausencia. Ahora que sólo nos queda tiempo para pensar cómo nos vamos a ganar el pan y si conseguiremos vivir dignamente con el consumismo desatado que nos rodea, sin tener que pedir sopitas a nuestros padres. Con el paro, la desigualdad en los salarios, en oportunidades. La desigualdad, a secas. Con el camino predeterminado que tal vez más de uno se cuestione. Sin poder salirte de lo establecido. Sin poder decir "ya basta".
¿A quién culpar? Supongo que a todos. A nadie. realmente ¿es necesario culpar a alguien? Mmmmm, no. Pero los hechos están ahí. Cada vez siento más palpable el egoísmo y la falta de solidaridad. La empatía, muchos no sabrán qué significa. No importa el esfuerzo, aún tratando de hacer las cosas bien suele haber un supuesto juez, que sabe más que tú, que tiene que dictar que lo que hace uno mismo no es lo correcto, lo mejor, más apropiado o lo que sea. Lo más gracioso, que no hay juicio. No hay modo de explicar tu verdad. Simplemente prejuicios por todas partes. Hay que ver, que amarrrrrga me estoy volviendo.
El caso, y creo que era esto por lo que escribía, ya me he perdido, es que te llegas a cuestionar si merece la pena tener sueños. Aspiraciones de llegar a algo, mejorar, qué se yo. A nadie le importa. Si lo consigues, tu esfuerzo, por mucho que te haya costado, será infravalorado. Y si necesitas ayuda, puede que los jueces decidan que no hay por qué luchar por un sueño. Sólo hay que luchar por poder ganar un buen sueldo en un futuro. Por supuesto, de algo hay que vivir, pero ¿hay que olvidar todo lo demás? ¿Todas las cosas que nos hacen diferentes también? Así que, yo me pregunto, ¿dónde vivimos? En un mundo en el que sólo se valora lo que mueve, aporta y da dinero.
Hablando mal y pronto, da por saco. No descarto retirarme a vivir a las montañas. Dedicar mis días a la meditación, el cultivo de mis propias hortalizas y tocar algo de música para mantener vivas mis neuronas... Pues lo dicho, amarga totaaal.
Ibone.