Con todo lo que está pasando ultimamente parece egoísta pararse a pensar en los sueños de uno mismo. Egoísta e imposible, más que nunca. Ahora que la comprensión se ha vuelto nula y la tolerancia brilla por su ausencia. Ahora que sólo nos queda tiempo para pensar cómo nos vamos a ganar el pan y si conseguiremos vivir dignamente con el consumismo desatado que nos rodea, sin tener que pedir sopitas a nuestros padres. Con el paro, la desigualdad en los salarios, en oportunidades. La desigualdad, a secas. Con el camino predeterminado que tal vez más de uno se cuestione. Sin poder salirte de lo establecido. Sin poder decir "ya basta".
¿A quién culpar? Supongo que a todos. A nadie. realmente ¿es necesario culpar a alguien? Mmmmm, no. Pero los hechos están ahí. Cada vez siento más palpable el egoísmo y la falta de solidaridad. La empatía, muchos no sabrán qué significa. No importa el esfuerzo, aún tratando de hacer las cosas bien suele haber un supuesto juez, que sabe más que tú, que tiene que dictar que lo que hace uno mismo no es lo correcto, lo mejor, más apropiado o lo que sea. Lo más gracioso, que no hay juicio. No hay modo de explicar tu verdad. Simplemente prejuicios por todas partes. Hay que ver, que amarrrrrga me estoy volviendo.
El caso, y creo que era esto por lo que escribía, ya me he perdido, es que te llegas a cuestionar si merece la pena tener sueños. Aspiraciones de llegar a algo, mejorar, qué se yo. A nadie le importa. Si lo consigues, tu esfuerzo, por mucho que te haya costado, será infravalorado. Y si necesitas ayuda, puede que los jueces decidan que no hay por qué luchar por un sueño. Sólo hay que luchar por poder ganar un buen sueldo en un futuro. Por supuesto, de algo hay que vivir, pero ¿hay que olvidar todo lo demás? ¿Todas las cosas que nos hacen diferentes también? Así que, yo me pregunto, ¿dónde vivimos? En un mundo en el que sólo se valora lo que mueve, aporta y da dinero.
Hablando mal y pronto, da por saco. No descarto retirarme a vivir a las montañas. Dedicar mis días a la meditación, el cultivo de mis propias hortalizas y tocar algo de música para mantener vivas mis neuronas... Pues lo dicho, amarga totaaal.
Ibone.
jueves, 2 de junio de 2011
jueves, 21 de abril de 2011
Un minuto de silencio por el cine
Y no, no me refiero al cine en cuanto a la locura desatada en internet, ni me voy a meter en polémicas del tipo Sinde, etc., aunque tengo mi propia opinión sobre ello, que con mi personalidad múltiple abarca infinidad de interpretaciones.
Pido un minuto por "el Cine", el lugar, el que está desapareciendo. Te paras a pensar en ello y te das cuenta de que dentro de unos años los niños no van a saber lo que es "ir al cine". Quedar con los amigos, o simplemente ir con los padres, para hacer cola en la taquilla, me vienen a la mente colas interminables en Urquijo esperando junto a los Mikeldis. A veces yo iba con mi tía, ella me compraba una bolsa de gominolas y las teníamos que esconder, porque según dónde, no se podía meter comida de fuera. Era todo un acontecimiento: ir al cine.
A la entrada la emoción de ver a qué sala tocaba ir, y la incertidumbre de si caería una buena ración de palomitas. Buscar la butaca, acomodarse. Ir al baño corriendo "por si las moscas". El que llega tarde y el acomodador con su linterna... Seré yo, que soy una melancólica o una ñoña, ¡qué se yo! Pero lo voy a echar de menos. Ya lo hago. Porque ahora para ver una película en una butaca y con un sonido dolby, excesivamente alto en ocasiones, hay que pasarse por un centro comercial. Si, las salas con la mejor tecnología del mercado en cuanto a pantallas que tienen efectos que hacen que te metas en la película y mil cosas más. Pero no queda magia. Y tira de coche para llegar hasta allí. Qué va a ser de los adolescentes que quedando por segunda vez quieran ir a ver una peli. Vale, una vez más soy ingenua, ¿no? Los jóvenes de ahora no van al cine, hacen botellón o se van de marcha a no sé dónde. Pero, me sigue dando pena...
Y la culpa, como siempre, de la economía. Ya no es rentable. Si, supongo que uno de los factores es internet, pero ¿la solución para que sea rentable es poner las entradas a 7 euros? Desde luego para mi bolsillo no lo es tanto. Suma palomitas, gominolas y coca-cola. Vale, si, me pongo como un elefante, pero ¡me encanta!
Y más que nada es eso, que voy a perder algo que me encanta y que me habría gustado disfrutar muchos años más, pero se está extinguiendo. Abordemos los hechos, en Bilbao se han cerrado en los últimos años, si no me fallan las cuentas, 3 cines. Que yo sepa, sobreviven los Multicines, y supongo que porque no es el típico cine comercial. En Deusto también hay unos cines, pero admito que no los conozco tanto como otros.
Así que, tocará ir a los centros comerciales. Podría dejar de ir, a modo de protesta, pero ¿a quién iba a importar? Ya me veo en un futuro, la típica Amama contando batallitas de cuando se iba a un sitio específico en el que lo único que se hacía era disfrutar de una buena película. Y lo peor, que sonará a ciencia ficción.
Ibone.
Pido un minuto por "el Cine", el lugar, el que está desapareciendo. Te paras a pensar en ello y te das cuenta de que dentro de unos años los niños no van a saber lo que es "ir al cine". Quedar con los amigos, o simplemente ir con los padres, para hacer cola en la taquilla, me vienen a la mente colas interminables en Urquijo esperando junto a los Mikeldis. A veces yo iba con mi tía, ella me compraba una bolsa de gominolas y las teníamos que esconder, porque según dónde, no se podía meter comida de fuera. Era todo un acontecimiento: ir al cine.
A la entrada la emoción de ver a qué sala tocaba ir, y la incertidumbre de si caería una buena ración de palomitas. Buscar la butaca, acomodarse. Ir al baño corriendo "por si las moscas". El que llega tarde y el acomodador con su linterna... Seré yo, que soy una melancólica o una ñoña, ¡qué se yo! Pero lo voy a echar de menos. Ya lo hago. Porque ahora para ver una película en una butaca y con un sonido dolby, excesivamente alto en ocasiones, hay que pasarse por un centro comercial. Si, las salas con la mejor tecnología del mercado en cuanto a pantallas que tienen efectos que hacen que te metas en la película y mil cosas más. Pero no queda magia. Y tira de coche para llegar hasta allí. Qué va a ser de los adolescentes que quedando por segunda vez quieran ir a ver una peli. Vale, una vez más soy ingenua, ¿no? Los jóvenes de ahora no van al cine, hacen botellón o se van de marcha a no sé dónde. Pero, me sigue dando pena...
Y la culpa, como siempre, de la economía. Ya no es rentable. Si, supongo que uno de los factores es internet, pero ¿la solución para que sea rentable es poner las entradas a 7 euros? Desde luego para mi bolsillo no lo es tanto. Suma palomitas, gominolas y coca-cola. Vale, si, me pongo como un elefante, pero ¡me encanta!
Y más que nada es eso, que voy a perder algo que me encanta y que me habría gustado disfrutar muchos años más, pero se está extinguiendo. Abordemos los hechos, en Bilbao se han cerrado en los últimos años, si no me fallan las cuentas, 3 cines. Que yo sepa, sobreviven los Multicines, y supongo que porque no es el típico cine comercial. En Deusto también hay unos cines, pero admito que no los conozco tanto como otros.
Así que, tocará ir a los centros comerciales. Podría dejar de ir, a modo de protesta, pero ¿a quién iba a importar? Ya me veo en un futuro, la típica Amama contando batallitas de cuando se iba a un sitio específico en el que lo único que se hacía era disfrutar de una buena película. Y lo peor, que sonará a ciencia ficción.
Ibone.
sábado, 12 de marzo de 2011
Realidad
¿Que es exactamente la realidad? Teniendo en cuenta que hay tantas visiones de la vida como individuos, es normal que llegue un momento en el que se pueda dudar de la propia realidad.
Todos en algún momento de nuestra vida (bueno, mas bien de peques) nos hemos preguntado si los colores que vemos son los mismos que lo demás, es decir, desde pequeños nos dicen esto es azul y tu sabes distinguir qué es azul y qué no lo es (a excepción de algún hombre, sin ánimo de ofender). El asunto es, ese color que yo veo azul, ¿todo el mundo lo ve así? Vale, no es que quiera meterme en temas filosóficos, si bien echo en falta la "ibo-filo". El caso es que llega un momento en el que las cosas que creías que eran de un modo, no lo son en absoluto. Resulta como un mazazo de realidad.
Duele. Es extraño saber que las convicciones que tenias, o no se, las cosas sobre las que ni te planteabas duda alguna, no son así. Nunca se tiene realmente la convicción de algo, ¿no?, pero piensas que más o menos las cosas son como uno mismo las entiende. De pronto algo cambia y zas! Llega el golpe. Desconcierto, vuelve ese sentimiento de estar completamente perdido y solo. Dudas. Realmente dudas mucho. Estabas tan equivocado. Y ¿se trata sólo de algo de la vida o es que la ingenuidad te ha superado una vez más? La desconfianza crece siempre después de un mazazo de realidad (me ha gustado la expresión, mira por dónde). Pero desconfianza en uno mismo, más que nada. En qué más estarás equivocado entonces. Hasta dónde llega tu propia realidad y hasta donde la del resto de la gente con la que compartes tu vida. Dónde se cruzan ambas. Mira que las matemáticas no se me dan mal, pero soy incapaz de encontrar el punto de intersección esta vez. ¡Demasiadas variables! (Vale, ahora llamadme friki, jejeje).
¿Y la verdadera realidad? ¡Ja! ¡Qué es eso! Es un mito. Ya no me creo nada de eso, no hay ni verdades, ni realidades absolutas, ni nada. Si bien dicen que la realidad siempre supera a la ficción, ¡eso si que me lo creo!
Ibone.
Todos en algún momento de nuestra vida (bueno, mas bien de peques) nos hemos preguntado si los colores que vemos son los mismos que lo demás, es decir, desde pequeños nos dicen esto es azul y tu sabes distinguir qué es azul y qué no lo es (a excepción de algún hombre, sin ánimo de ofender). El asunto es, ese color que yo veo azul, ¿todo el mundo lo ve así? Vale, no es que quiera meterme en temas filosóficos, si bien echo en falta la "ibo-filo". El caso es que llega un momento en el que las cosas que creías que eran de un modo, no lo son en absoluto. Resulta como un mazazo de realidad.
Duele. Es extraño saber que las convicciones que tenias, o no se, las cosas sobre las que ni te planteabas duda alguna, no son así. Nunca se tiene realmente la convicción de algo, ¿no?, pero piensas que más o menos las cosas son como uno mismo las entiende. De pronto algo cambia y zas! Llega el golpe. Desconcierto, vuelve ese sentimiento de estar completamente perdido y solo. Dudas. Realmente dudas mucho. Estabas tan equivocado. Y ¿se trata sólo de algo de la vida o es que la ingenuidad te ha superado una vez más? La desconfianza crece siempre después de un mazazo de realidad (me ha gustado la expresión, mira por dónde). Pero desconfianza en uno mismo, más que nada. En qué más estarás equivocado entonces. Hasta dónde llega tu propia realidad y hasta donde la del resto de la gente con la que compartes tu vida. Dónde se cruzan ambas. Mira que las matemáticas no se me dan mal, pero soy incapaz de encontrar el punto de intersección esta vez. ¡Demasiadas variables! (Vale, ahora llamadme friki, jejeje).
¿Y la verdadera realidad? ¡Ja! ¡Qué es eso! Es un mito. Ya no me creo nada de eso, no hay ni verdades, ni realidades absolutas, ni nada. Si bien dicen que la realidad siempre supera a la ficción, ¡eso si que me lo creo!
Ibone.
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